miércoles, 10 de junio de 2009

Esos quince minutos de fama (onírica)

Me parece que para mi generación (bastante narcisista, admitámoslo), el cine y las películas funcionan como un imán de identificación cada vez más poderoso: elegimos escenas, las desmenuzamos, las hacemos nuestras y las repetimos hasta el hartazgo.
¿Las querremos vivir en carne propia? ¿Las imitamos?
No lo sé, pero sí estoy seguro de que el cuadro da para todo, incluso para esos recurrentes ataques de deliriums tremens en los que juro encontrarme en medio de un film, actuando como tal y hasta oficiando de hombre orquesta (protagonista, director, guionista…).
Dentro de este grupo hay una secuencia que guardo con especial cariño. Ocurrió hace poco: en la lejana y soñada Estambul adonde habíamos llegado con mi novia para intentar recorrer con exhaustividad sus miles de atractivos (que en realidad son “quichicientos mil”, tal cual se decía antes). Como era de esperar, el tiempo se nos esfumó en seguida, hasta que una de las últimas tardes decidimos averiguar qué era aquello del baño turco. Y ahí se detuvo todo.
Sepan disculpar mi ignorancia pero hasta ese momento yo no tenía ni idea lo que se cocinaba en ese tipo de establecimientos y quizá por eso el trip se hizo tan trip.
Apenas entramos la seguidilla fue taxativa, mujeres por un lado, hombres por otro, a pagar, a ponerse la toallita (sin nada abajo) y a colgarse en la muñeca la llave de la habitación.
“Simpático”, pensé, hasta que llegó lo mejor, un bigotón enorme que ni hizo esfuerzos por hablar y que con señas y algún que otro empujoncito me guió a la sala de ensueño: una cúpula antigua, salpicada por ánforas y saltitos de agua y con una losa redonda y caliente donde todos los presentes hacían la plancha. Entendí por nuevas señas que me debía tirar ahí, donde me asé un rato largo en vapor seco hasta que mi amigo dio inicio a su rutina paternal.
Sí, estando ahí en seguida te transformás en “el hijo de”; el turco te gruñe, te amasija, te da vueltas, te masajea con un guante y te llena de espuma rebelde. Para colmo, el señor era igual a mi viejo ('má' que suizos!, me juego la vida a que mis antepasados eran turcos) y cuando llegó la hora del baño, el flamante vínculo alcanzó su climax. “Mmmpf”, “ajjf” me decía mi anfitrión mientras me pasaba jabón, me despeinaba y volvía a peinar.
Muchos pensarán cualquier cosa pero yo me sentía Bill Murray en medio de una secuencia tan lograda como la del karaoke japonés de Perdidos en Tokio. Pocas veces en mi vida me asaltó tal sensación de desamparo y fluidez a la vez, ignoré todo lo que pasaba en el mundo y sus alrededores hasta que me “desperté”, perfumado y envuelto en incontables toallas y con la firme sensación de que habíamos logrado la película perfecta.
PD: ¿alguien sabe si existe algo similar acá? Me parece que a los tailandeses, chinos y demás especialistas vernáculos, los turcos les pasan el trapo. Justamente hablando…

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La pregunta es...
Y como la pasó Sofi por su lado? Tambien le tocó un patovica?
Quiero respuestas.
BEsos a los 2 aus Hamburg
Charo

lalo dijo...

Hay que destacar la vuelta de los parentesis...
Siempre es bueno viajar y tener nuevas experiencias aunque se trate de un turco carinoso que te hace perder la cabeza
Solo por curiosidad viste a un medico despues comentandole de algunos dolores?

Abrazos...

cronopio antihéroe dijo...

Estoy con Lalo, destaco los paréntesis y su vuelta soñada. El punto aparte sigue en penitencia.

Ahora bien, si el recuerdo remite a "perdidos en Tokio"...el turco vendría a ser Scarlett? porque por lo que tengo entendido Sofaia estaba en otra habitación.

MartinS dijo...

La verdad la idea de que tipo de peliculas podrias haber replicado, dispara para muchos lados, mas bien yo voy a evitar tal camino.
Me quedo con el principio y como nuestra generacion hace suyas las escenas de peliculas. Hay una tira del genial Quino protagonizado por Felipe -entrañable amigo de Mafalda- en la que mostraba la influencia de la tele en la emaginacion infantil, el que la concoce sabe que sabe de la identificacion que provocab, Esta fue mi primera asociacion.
Despues recorde la pelicula esa donde el mundo fue desvastado por dragones (si ya se es muy mala) y los tipos mas viejos "rescatan" para las nuevas generaciones como legado cultural, La guerra de las galaxias. Me preguntaba eso que mitologia le contamos y contaremos a nuestros hijos sobrinos, con tanto Batman y Starwars.. no es critica ya que yo lo hago y con mucho placer,en todo caso es pregunta al aire. sigo asociando, en estados unidos ya hay culto religioso basado en las enseñanzas Yedis...

Juan Steinmann dijo...

Respondiendo a tu pregunta de si por acá hay algo similar, sí, hay y las variedades son básicamente con o sin "relax"; un clásico de la city.
Me sumo al pedido de Cronopio de liberar al punto y aparte de la ignominiosa penitencia al que lo has condenado