...juntitos los dos juntitos. Era así el baile, ¿no? Bueno, arrancó diciembre (¿¿qué pasa con este mes Horangel??) y una vez más la pista nos trae movimiento, no ya de a dos sino de a varios, cientos, miles…
Las imágenes de “la toma” (ni mencionar que esa palabra simbolizó por mucho tiempo otra cosa, no?) del parque de Villa Soldati nos confinó nuevamente a la tele, a la discusión, la desazón, la polémica y la descalificación por doquier.
Parece que ahora estamos frente a un principio de solución, ojalá, lo curioso en todo caso es que estos días también me tuvieron absorto frente a la pantalla pero por otras razones, más cinematográficas quizá, pero sorpresivamente relacionadas.
Aviso: puede sonar como un raro homenaje al “todo tiene que ver con todo” de Panchito Ibañez pero hace poquito saldé una vieja deuda con los dos largos DVD’s de Lo que el viento se llevó y fue muy extraño, paraba un segundo de ver esa película (¡¡tiene intermezzo!!) para poner la tele en llamas y ambos temas se me entrelazaban sin parar.
Además de ser una GRAN obra maestra (qué puedo agregar de un clásico como ese) quedé muy conmovido por su incorrección política, por esa hermosa anti-heroína (lástima que su traducción sea Escarlata, sino ahí ya había nombre para mi hija), por una reivindicación sureña que sólo unos pocos se animarían a hacer, por su trunquísima historia de amor, por su melodramaticismo sin pausa, en fin, por una misma palabra siempre: incorrección.
Para colmo, en medio de ese viaje a una Atlanta fantasma recibí un mail de un gran comentador de este blog (¡gracias Mono!) que me linkeaba un interesante artículo de Tomás Abraham .
¿Y si ahí está escondida una clave? ¿En la profunda (y hasta poética) incorreción del film de Victor Fleming, en ese trascender barreras (aun las que tenemos como más firmes y edificadas) que propone Abraham? Claramente, no se trata de ponernos “tolerantes” ni amigovios de nadie: es una idea bastante más audaz ya que como dice el mismo filósofo no será sin un gran coraje y una gran honestidad como “podremos invitar al recinto propio a nuestros contradictores”. La falta de esa audacia, me parece, es lo que más me separa al discurso monolítico de los apologistas de Kirchner.
Por último (y perdón Pancho por estirar tanto tu máxima asociativa) estos días vi finalmente la interesantísima película que acaba de ser premiada como la mejor del año 2010: El hombre de al lado.
Sí, en tiempos en que la otredad juega un rol tan importante en nuestros conflictos diarios (y quizá lo sea cada vez más) dejarse seducir por este profundo examen de conciencia es atrapante, tanto si nos creemos cerca del cinismo culto de Leonardo (Rafael Spregelburd) como si celebramos la brutalidad impune de Víctor (un genial Daniel Araóz). Una propuesta para nada fácil y complaciente, es cierto, pero en definitiva, ¿qué fin de año lo es?